El punto de encuentro del tiempo libre educativo
28 de junio de 2017
20/10/2016 17:20h
El tiempo libre, entorno de aprendizaje
Paco López
Decano de la Facultad de Educación Social y Trabajo Social Pere Tarrés-URL

El ser humano es un ser nacido para aprender. Probablemente, es en nuestra manera de aprender donde encontramos las diferencias más nítidas con otras especies. Y ésta es quizás, también, la función psicológica más complicada de reproducir en aquello que denominamos inteligencia artificial.


No sería así si redujéramos el aprendizaje a los procesos meramente cognitivos. Si aprender consistiera sólo en adquirir, codificar y recuperar información, es probable que las máquinas ya nos hubieran superado hace tiempo.

 

¿Cuáles son, pues, los procesos que explican nuestra impresionante capacidad de aprender? Los especialistas hablan de dos grandes grupos de procesos más: metacognitivos y socioafectivos. La nave humana precisa de un ordenador central potente, que funcione bien, pero éste no es nada sin un buen piloto y sin unas condiciones de navegación adecuadas. Atención, comprensión o memoria son imprescindibles. Pero no funcionan sin autoconocimiento y autocontrol (procesos metacognitivos) ni sin motivación, gestión de las emociones o relaciones sociales saludables (procesos socioafectivos). Y, cuando digo esto, me refiero a todas las situaciones de aprendizaje que podamos imaginar: desde aprender a nadar o a hacer críticas hasta estudiar mates o historia.

 

Tendemos a dar a la escuela la responsabilidad central del aprendizaje. Si ampliamos el foco, la escuela es un escenario importante en relación a lo que aprendemos en la vida, pero ni tiene la exclusividad ni en ella se producen necesariamente los aprendizajes más significativos. La familia, el grupo de tiempo libre, la calle o Internet son espacios privilegiados de aprendizaje de valores o competencias muy diversas. Pero, incluso si hablamos del currículum escolar, el aprendizaje de éste precisa del desarrollo de la capacidad de dar sentido a lo que estoy haciendo, de sentirme protagonista de mi vida, de tener razones para levantarme cada mañana y aprender cosas nuevas, de saber poner nombre a lo que siento o de sentirme miembro de un grupo que me acepta, a pesar de que sea diferente en algunos aspectos.
 

No estoy seguro de que siempre aprendamos todo esto en la escuela. Pero sí sé que lo podemos aprender muy bien en contextos de tiempo libre educativo. Este es el mejor “refuerzo escolar” que podemos hacer.

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