El punto de encuentro del tiempo libre educativo
23 de enero de 2017

Oportunidades para la igualdad

Miquel Àngel Essomba

Doctor en Pedagogía y profesor de la UAB

La igualdad de oportunidades es el principio que inspira las políticas públicas traductoras de la igualdad de derechos teórica en una realidad social tangible. Si no lo aplicamos, corremos el riesgo de que los derechos individuales queden en papel mojado en el caso de aquellos niños que parten de una situación de desigualdad respecto a compañeros generacionales que han tenido más fortuna de nacer en un entorno familiar favorecido.

 

Poner en marcha la igualdad de oportunidades no es fácil. Los políticos pueden dictar las mismas oportunidades para todo el mundo a la hora de ir al colegio, pero a veces las familias acaban construyendo escuelas gueto. Los ayuntamientos pueden dar becas para actividades de tiempo libre, pero al final se acaban beneficiando aquellos que menos lo necesitan.

 

¿Por qué? Pues porque la igualdad de oportunidades se hace en los parlamentos y en los gobiernos, pero las oportunidades para la igualdad son responsabilidad del conjunto de la ciudadanía. Tú, yo, nosotros, todos estamos llamados a poner nuestro granito de arena para que la igualdad no sea una quimera sino un proyecto posible y deseable. Y hacerlo requiere de compromiso social, un compromiso que no cuesta mucho si nos ponemos a ello.

 

Construir oportunidades para la igualdad significa que abrimos las puertas del tiempo libre a cualquier niño, sea cual sea su procedencia o religión. Construir oportunidades para la igualdad es introducir un pequeño porcentaje de más en la cuota anual del tiempo libre para hacer una bolsa de apoyo económico a aquellas familias más necesitadas, y así evitamos que ningún niño se quede sin educación en el tiempo libre por razones económicas.

 

Defender la igualdad de oportunidades hoy no está de moda, incluso hay quien lo ve como un tipo de hacer política anticuada que hoy ya no hace falta: “que cada cual se espabile con sus cosas!”, oiremos en más de una ocasión. ¡Claro que sí! Pero este enfoque tan legítimo a menudo se olvida de que cada cual sale de un punto de partida diferente en la carrera de la vida, y que si no damos ventaja a aquellos que parten de más atrás, es evidente que no podrán optar nunca a medalla. Y atención: esta circunstancia, en un mundo cada vez más interdependiente, no le interesa a nadie. Quien sale forzado a correr sin ninguna opción de victoria siente una frustración que, si queda mal curada, será sin duda fuente de conflicto en el futuro.

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