La educación ambiental desde una perspectiva transversal
Hace unos años durante el desarrollo de un campamento de verano, una niña de unos 9 años se acercó al grupo de monitores y preguntó que porqué en la última marcha los monitores insistían tanto en cuidar la naturaleza, si al llegar al campamento no teníamos cómo reciclar el papel.
Habíamos fallado en lo más elemental, todo el esfuerzo que hacíamos los monitores para sensibilizar a los acampados en la necesidad de proteger el medio ambiente, dejaba de tener sentido por lo que los propios acampados observaban en el desarrollo del campamento.
La educación hacia el cuidado y protección del medio ambiente en el tiempo libre debe entenderse como un todo, una línea transversal dentro de la programación. Bajo esta premisa, empezamos a trabajar en una nueva manera de poner en práctica la educación ambiental, intentando trazar un método atractivo que motivara a los participantes a proteger el medio ambiente, no solo en los diez días de campamento sino también en su día a día.
Así pues, establecimos que los talleres de manualidades debían contener un componente de reciclaje, nos habituamos a reutilizar los objetos, a no tirar lo que todavía nos puede servir y promover la capacidad creativa de los acampados. Los talleres debían ser novedosos y llamativos, y en todos ellos se debía promover el recoger y dejar limpio todo lo utilizado.
Las actividades en el campamento debían contener una línea de trabajo sobre el cuidado del medio ambiente. Comenzando con la explicación del monitor, señalando los aspectos a cuidar, como el respeto a los propios árboles o plantas, terminando con la conclusión final en la que valorar el impacto que tenían nuestras acciones en el medio natural.
Utilizar papel reciclado para las actividades, poner carteles motivadores acerca del medio ambiente, evitar elementos de plástico como vasos o platos de usar y tirar, procurar no utilizar comida en los juegos o estar pendiente de cerrar el grifo del agua durante el aseo, fueron otros de los aspectos a destacar.
Utilizar las salidas a la naturaleza, como las marchas, para hacer concienciar a los acampados del regalo que tenemos con el medio ambiente, y la responsabilidad que asumimos de cuidarla y respetarla fue otra medida que adoptamos.
En conclusión, aprendimos que a través de la propia experiencia y por medio de la observación, podemos hacer de nuestro campamento una verdadera experiencia de aprendizaje.