Jesús y familia van de fiesta
Tal vez a los más modernos les guste más: “Jesús and family go partying”. Por eso alguno no se va de fin de semana, se va de “finde” o mejor, de Weekend”. Aunque otros al pendrive le llamen “pincho” o “lapicero” ¡Qué cosas!
Si uno vive con orejas y ojos bien abiertos y es capaz de interiorizar lo que vive, se da cuenta antes o después de que no existe nada totalmente neutro, menos aún la educación, ni nada que sea solamente bueno o solamente malo. Muchos jóvenes piensan que salir de fiesta, es lo mejor de lo mejor. Otros, y sobre todo adultos, opinan que salir de fiesta es lo peor de lo peor.
Un cristiano es la persona que intenta vivir como Jesús vivió; actualizando situaciones, sociedad… pero como Jesús vivió y leemos en el Evangelio. Hay un relato (Jn. 2, 1-12) en el que Jesús, María y discípulos van a una boda en Caná de Galilea. Las celebraciones de las bodas judías duraban siete días: beber, comer, bailar ¡¡¡Fiesta!!! Tanto debieron de beber los invitados que se les acabó el vino, lo cual suponía un ridículo espantoso para los novios. María se da cuenta y Jesús a regañadientes hace su primer milagro al convertir agua en vino. Se resolvió el problema. Que siga la fiesta.
Conclusiones: ¿se puede ir de fiesta? Evidentemente sí, pero sabiendo estar. No conformándonos con no ser un borracho, ni un porrero, ni un broncas. Algo más difícil: Sabiendo estar como hace María; se da cuenta de que hay un problema y llama a su hijo para que lo resuelva. ¿Cuántos problemas podemos nosotros detectar en las fiestas? Muchos y de todo tipo: bebida, peleas, sexuales, drogas… todo eso se suele dar en nuestras fiestas cuando el alcohol ha desinhibido a unos cuantos, eso que se suele llamar “tener el puntillo”. Uno es ¿libre? y hace lo que en condiciones normales jamás haría. En esos momentos hace falta gente que sepa estar, que vea el problema y lo resuelva con ayuda de sus colegas que también saben estar. Como María, como Jesús y sus discípulos en Caná de Galilea.
Ahora puede quedar claro lo que decía al principio, el verdadero cristiano vive como Jesús vivió… también en la fiesta.