La interpretación del porqué de las catástrofes naturales o de las epidemias entre las culturas antiguas fue muy variada. Para unos se trataba de castigos divinos a causa de algún pecado colectivo o particular. Para otros su origen estaba en el capricho de algunos seres divinos juguetones o aburridos que disfrutaban viendo a los humanos sufrir. Otros hablaban de pedagogía divina, de un Dios que nos educa y ayuda mandándonos pruebas difíciles. En relación con esta última, de todos es conocida la frase del autor de las “Crónicas de Narnia”, C.S. Lewis: “El sufrimiento es el altavoz con el que Dios despierta a un mundo de sordos”. Para civilizaciones más modernas, las cosas malas suceden porque así son las leyes de la física o la materia, o porque el azar y la casualidad nos han llevado a esa situación.
En la actualidad nos siguen sucediendo muchas cosas malas, aunque hay una de la que se habla continuamente: “la crisis”. A unos nos toca más de cerca; a otros más de lejos. Muchos buscan explicaciones, pero más allá de las razones, sobre todo reaccionamos sintiendo mucho miedo.
¿Qué hacemos cuando las cosas se ponen difíciles? Podemos quejarnos. Podemos bloquearnos muertos de miedo. Podemos echar la culpa a Dios, al mundo, o al sistema. Podemos crear cortinas de humo para no mirar los verdaderos problemas. ¡Pero también podemos reaccionar! De hecho, los tiempos difíciles en la historia se han caracterizado con frecuencia por ser épocas de creatividad, imaginación, lucha, esfuerzo, esperanza, e incluso solidaridad. Porque el ser humano reacciona de una manera sorprendente a las contrariedades.
Como personas, como educadores, como monitores, ¿comunicamos el miedo y la angustia? ¿Creemos que la única respuesta es preocuparse de uno mismo, ser competitivo, buscar enemigos, reducir las miras, o aspirar a poco?
Quizá ahora sea el momento de salir más que nunca de uno mismo. Quizá sea el momento de hablar y creerse que el único camino es la solidaridad, la generosidad, la gratuidad y la unidad. Quizá sea el momento de construir utopías y luchar por ellas. Quizá (¿está sucediendo?) se ponga de nuevo de moda el voluntariado o la interioridad. Quizá sea el momento de valorar lo realmente importante.