El nacimiento de la juventud
La juventud es un fenómeno relativamente nuevo. Como no tuvo su toma de la Bastilla, no suele aparecer en los libros de historia, pero, sin embargo, pocos acontecimientos han condicionado el presente de manera más extensa y profunda que el de la aparición de la juventud o, más exactamente, de lo que en Alemania se dio en llamar la «Jugendkultur», la cultura juvenil. Esto no significa, obviamente, que en los tiempos antiguos no hubiera jóvenes, sino que la edad juvenil no iba acompañada a una conciencia clara de pertenencia a un grupo con intereses legítimamente específicos.
La juventud comenzó a insinuarse a principios del siglo XX; fue tomando cuerpo a lo largo de la primera década y para los años veinte ya era, de manera evidente, una realidad sociológica, económica, pedagógica y política. En el transcurso de un cuarto de siglo los jóvenes dejaron de verse a sí mismos como personas inmaduras o adultos en potencia y comenzaron a afirmar su derecho a una vida autónoma, emancipada del control de los adultos. El grito fascista «Largo ai giovani!» (vía libre a los jóvenes) era, en cierta forma, la expresión de un estado de ánimo colectivo de las sociedades occidentales que miraban con espanto a todo lo que pudiera sonar a senilidad. No es extraño, pues, que el nacimiento de la juventud fuera paralelo del de la eugenesia.
En Alemania la manifestación más característica de la autoafirmación colectiva de los jóvenes fue el excursionismo. La primera organización excursionista juvenil, la Wandervogel, se creó en Berlín en 1901 con apenas cien miembros. En 1914 superaba los 25.000 y tenía 800 grupos locales. Los jóvenes excursionistas recorrían los senderos del país cantando sus propias canciones, que tenían títulos como Con nosotros avanza el tiempo nuevo o Somos jóvenes y es hermoso, y por las noches se reunían en torno a grandes hogueras, sin hacer diferencias entre chicos y chicas.
Entre los días 11 y 13 de octubre de 1913, 4.000 jóvenes alemanes se reunieron en el Monte Meissner, al sur de Kassel, en una especie de congreso de la juventud. Las palabras que más se oyeron durante aquellos días fueron «autenticidad», «autonomía», «energía», «belleza», «salud», «creatividad», «entusiasmo», «libertad interior» y «responsabilidad». El filósofo Ludwig Klages pronunció un discurso titulado El hombre y la tierra que está considerado la partida de nacimiento de la moderna conciencia ecológica.